Resumen:Introducción. La intervención temprana en los niños con un trastorno del espectro autista (TEA) depende de una detección
precoz y fiable. Aunque de manera general se habla de un diagnóstico estable, se ha evidenciado la necesidad de
profundizar más en los factores que influyen en dicha estabilidad.
Pacientes y métodos. Los participantes de la muestra fueron 142 menores con TEA (118 varones y 24 mujeres), con una
mediana de 33 meses y un recorrido intercuartílico de 12 en la primera evaluación, y con una mediana de 47 meses y un
recorrido intercuartílico de 29 en el seguimiento. Los diagnósticos se realizaron con las siguientes pruebas: escala MerrillPalmer
revisada, escala de Leiter revisada, escala de inteligencia de Wechsler para preescolar y primaria III y escala de
inteligencia de Wechsler para niños revisada y IV; además de la escala Vineland y la escala de observación diagnóstica del
autismo genérica (ADOS-G), basándose el diagnóstico clínico en los criterios diagnósticos del Manual diagnóstico y estadístico
de los trastornos mentales, cuarta edición, texto revisado (DSM-IV-TR), y quinta edición (DSM-5). Para la evaluación
de la estabilidad diagnóstica, se realizaron tablas de contingencia para las valoraciones del diagnóstico en función del
juicio clínico y los resultados de la ADOS-G.
Resultados. El diagnóstico clínico basado en los criterios del DSM-IV-TR, el DSM-5 y el juicio clínico se mantiene estable
a través del tiempo en un 96% de los casos. Si se valora la estabilidad diagnóstica teniendo en cuenta los resultados del
ADOS-G (n = 30), el 87% de los casos mantiene el diagnóstico. El ANOVA muestra diferencias estadísticamente significativas
para las medidas del factor intrasujeto del cociente intelectual y la edad social global, pero no para el diagnóstico.
Conclusiones. La estabilidad diagnóstica se beneficia de un uso informado del criterio clínico y de la participación de un
equipo multidisciplinar